Rosados

El vino rosado es aquel que tiene algo del color típico del vino tinto, pero solo lo suficiente como para darle un color rosa, que puede ir del claro al fuerte casi violeta, según las uvas y las técnicas de producción usadas. El rosado es un vino con amplia tradición en países vinícolas como Francia, donde es conocido como Rosé.

Técnicamente, el vino rosado se produce de manera diferente que el vino tinto. Se elaboran con uvas tintas, pero de manera exactamente igual a un blanco. Después de prensar, a las pocas horas se hace un sangrado. Se obtiene un color más claro por el poco contacto que tiene con las lías/película y cáscara y con toda la materia sólida.

De este modo, los vinos rosados extraen su color de la misma manera que lo hace un vino tinto. El mosto entra en contacto con los hollejos de la uva tinta durante la fermentación. No obstante, la diferencia entre ambos tipos de vinificación es que el contacto es más corto en el vino rosado.

El color de un vino rosado vendrá determinado por el tiempo que esté en contacto el mosto, casi incoloro, con las pieles de la uva durante el tiempo de maceración. De este modo, cuanto más tiempo esté la piel de la uva en contacto con el vino, más oscuro será el color de un vino rosado.

Normalmente, los vinos rosados presentan una acidez ligera, bajo nivel de alcohol y cuerpo leve, especialmente cuando crecen en lugares más fríos de influencia marítima y altitud elevada. Portugal es un país de rosados, como lo demuestran tantas marcas fuertes con presencia internacional, símbolo universal.

Los rosados son una alternativa fresca y afrutada como lo son los blancos secos. La mayor parte de los rosados combinan bien con cualquier alimento y pueden ser una sugerencia adecuada con poco alcohol para acompañar una parrillada de verano. Los vinos rosados secos y afrutados son óptimos con una variedad de comida ligeramente condimentada, incluyendo vegetales y ensaladas, gracias a a su dulzura suave (aún imperceptible conscientemente). Ideales para comida de mar.